OJO de buey
La noche de España
Quedó la noche para la crónica de colores y sonidos. Quedó la noche del
once de julio a merced de la riada de alegría desbordante y contagiosa.
Quedó la noche entonada de clarines y bocinas
de todo timbre y tono, como cañonería de órgano popular. Quedó la
novche de banderas desplegadas y envolventes, a la par que de
confesiones públicas: “Yo soy español, español, español…”
Noche de gargantas quebradas, de canciones y decires, de canciones que quieren cantarse y no se saben. Esa de Manolo Escobar, de la que solo saben “qué
viva España”, mientras tararean su déficit nacional de letras. Hay
gritos cocinados, repensados, desde los más canallas como “España
entntera se va de borrachera” hasta el más histórico-pedante que oí:
“Fuera la Reforma”.
España
entera se echó a la calle de su noche estrellada. Todo fluía
espontáneo, natural como la corriente misma, sin ideólogos ni jefes de
campaña. Lo que había en la calle ¿era sólo por sentirse campeones del
mundo o había algomás? Porque pequeñitos dejaba la noche a todos los
campeones del mundo que España ha tenido. Pequeños quedaban los
componentes de la Selección de Baloncesto, los atletas
y judocas, trialetas y moteros, que son campeones del mundo. “Algo
pequeñito” dejaba la noche, como cabezas de alfiler, a Oscar Freire,
triple campeón del mundo, a Fernando Alonso y Marta Domínguez, pongo por
caso.
¿Es
que han reventado esta noche las compuertas de la retención futbolera,
los históricos complejos? ¿Tanto fútbol llevábamos dentro? ¿No se habrá
añadiddo al fútbol nuestra sed contenida de identidad nacional?
El fútbol ha roto todos los diques de contención de la ingeniería antibanderas de España.
La oleada ha barrido a tanto metafísico pálido, en ayuno de colores y con atracón de nacionalismos y franquismos. Les llevó la ríada a los demacrados y largos tontos del bote.
Aquel
hilo de agua de los tiempos de Maricastaña de la fuente blanca que dio
nombre a Fuentealbilla, en el secarral manchego, ha devenido en
torrentera roja por todas las calles de las noches vivas de España. Pero
en esa noche única tuvo mucho que ver un fuentealbillense, Andrés
Iniesta, filigrana y nobleza, quien, como un antiguo soldado de los
Tercios Españoles, presentaba heridas de guerra en su cuerpo chaparro.
El
fútbol ha heredado la épica de los cantares de gesta y de las glorias
militares que configuraron las señas de identidad nacionales. Y los
campos de batalla son ahora cuidadas praderas.
José César Álvarez
Puerta de Madrid, 17.7.2010
No hay comentarios:
Publicar un comentario