OJO de buey
La Muestra cervantina de la Capilla del Oidor
Cervantes es nuestro mejor embajador, el que mejor nos “vende”.
Cervantes tiene en Alcalá dos sitios irrefutables: una casa y una
iglesia, su nacimiento y su bautismo, que yo expreso en dos símbolos
verticales, un ciprés y una torre cruentamente exenta. La casa de
Cervantes, inaugurada en 1956, es uno de los monumentos más visitados de
la Comunidad
de Madrid por causa del “tirón” de Cervantes. El otro lugar cervantino
por desarrollar viene siendo una asignatura pendiente de nuestro
Ayuntamiento, una laguna de nuestra cultura continuamente aplazada y a
la que por fin le ha llegado el momento.
La Capilla del Oidor –concretamente donde se ubica la pila, la grande es la del Cristo de la Luz–
fue una obra espléndida de principios del siglo XV, referida con
ponderación en tratados de la época, que fue rehabilitada en 1905 por
Cabello Lapiedra y a donde fue trasladada la pila bautismal de Cervantes
desde el baptisterio junto al arranque de la torre. Desde esa fecha y
junto a la pila, venía exhibiéndose el Libro I de Bautismos abierto por
el folio 192 sobre un enorme facistol protegido. La muestra cervantina
de la Capilla
del Oidor quedó interrumpida en 1936. El Ayuntamiento, que “ocupa”
ahora los recuperados ámbitos eclesiales y que “custodia” la partida
bautismal, tenía el deber ético, hasta ahora desoído, de restituir el
“museum interruptum”, y lo ha hecho en el lenguaje de nuestros días.
Porque lo que puede seguir en pie debe seguir.
Ahora, sin embargo, pretenden servirnos nuevas interrupciones hablándonos
de la ubicación inapropiada del museo y de la inoportunidad de un
segundo museo cervantino. Como si la elección del continente y del
contenido la hubiera obtenido el Ayuntamiento en una tómbola. Tal
decisión supera al equipo de gobierno municipal, porque pertenece,
digámoslo de una vez, a la ley de gravedad complutense que tantos
ignoran.
Se
protesta porque se pierde un espacio que venía siendo usado para sala
de exposiciones. A mí, por el contrario, el uso concreto de la Capilla
del Oidor para esos fines era algo que en ocasiones me producía
irisipela, como si fuera profanado un lugar de tantas esencias
complutenses.
Otro
alegato contra esta Muestra permanente cervantina, en la que yo no
tengo arte ni parte, es que no ha contado con la asesoría de la Universidad
ni de otras instituciones afines. Aquí quisiera mostrarme con todo el
respeto, pero a la vez con toda la firmeza del mundo. En principio,
hablar de instituciones me suena a hueco, prefiero hablar de personas,
creo más en ellas, sean universitarias o no. La Universidad sabe de lo que sabe. La Universalidad es la universalitas que difícilmente desciende a particularidades. Llamar a la Universidad
hubiera supuesto diluirnos en el cervantismo oficial, el que nos ha
venido vendiendo la milonga durante centurias de que Cervantes, como
mucho, sólo hizo que nacer en Alcalá y nada más, mentira cochina que
“nosotros”, alcalaínos, hemos derribado documentalmente, y no porque
fuéramos más listos, sino porque era tema que a los cervantistas
oficiales no interesaba. Y es ahora que a “nosotros”, por supuesto,
corresponde desarrollar el “Cervantes alcalaíno”.
Hemos
de luchar por el Cervantes alcalaíno, secularmente puesto en duda, y
que nos siguen disputando Alcázar de San Juan, Cervantes de Sanabria
(con el apoyo de la Consejería de Cultura de Castilla-León) y Córdoba. Lo principal era que la Muestra
cervantina, que lleva el bello nombre de “Los universos de Cervantes”.
echara a andar. Claro que faltan cosas, sobre todo del Cervantes
genuino. Todo, con buena voluntad, puede completarse o subsanarse. Como
los errores de dicción del audiovisual donde se dice Tirso y Damián por
Tirsi y Damón. Dejo la caza de otras imprecisiones a la sagacidad
universitaria.
Puerta de Madrid, 11.11.2006
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