jueves, 5 de marzo de 2026

PRÓLOGO AL LECTOR -CERVANTES VIVO

                     


PRÓLOGO AL LECTOR

Estimado amigo:

Te diré hoy por escrito lo mismo que a otro amigo le dije ayer

de palabra. Al interesarse mi amigo por cuáles fueran mis ocupaciones

entonces, y al referirle yo que andaba empeñado en esta

biografía, insistió mi cultivado amigo en preguntarme con fundada

autoridad si quedaba algo por decir sobre Miguel de Cervantes. A

lo cual yo le salí diciendo lo que le dije y te digo.

De entrada le dije que ya la sola manera de contar la cosa hacía

la cosa. Pero había habido algunos importantes hallazgos de investigación

en la vida de Cervantes, que exigían su revisión, su pronta

actualización. Uno de ellos era que el archivero Alfonso Dávila Oliveda

había descubierto en el Archivo Histórico Nacional a Miguel

de Cervantes con letra menuda, la cual, en contracción de la lengua

latina, decía: «Micalis Ceruantes», que así es como consta en la inscripción del primero de los dos cursos en que se matriculó en la universidad complutense de su patria chica, lo que todavía se le negaba. Otra razón era que, a finales del cervantino año de 2016, el archivero Jesús Villalmanzo había hallado en el Archivo del Reino de Valencia diez documentos cervantinos pendientes también de su lógica repercusión.

A aquellas razones iniciales de peso, la alcalaína y la valenciana,

se fueron sumando sobre la marcha nuevos hallazgos puntuales que

iluminaban el relato, tales como la pertinaz lluvia sevillana de Cabello Núñez o la toledana de Escudero Buendía.

Y, quizás por no cansar o no cansarme, omití decir entonces que

necesitaba subrayar una mayor vinculación de Miguel con su patria

chica, tantas veces olvidada y hasta negada, desvelando aquellas señales que hacen de Alcalá de Henares su referencia doméstica, e

indicando allí el importante lugar de la casa-madre de los Cervantes.

Necesitaba destacar la complicidad de Miguel con sus hermanas.

Necesitaba también demostrar la naturaleza del apellido Saavedra,

motivo de tantas tontorronadas. Necesitaba señalar las correcciones

habidas en el Prólogo de las Novelas Ejemplares. Necesitaba difundir

que es el propio Cervantes el que irrumpe nítido desde Argel en el

libro de Haedo. Y necesitaba recomponer el capítulo póstumo de la

historia de la recuperación de su nombre y su memoria, partiendo de

la amnesia más absoluta, es decir, desde la nada.

Cabía también la posibilidad de alcanzar por fin un Cervantes

asequible, lejos de embutirlo en un libro-ballena de esos que escriben

eruditos para eruditos. Cabía la posibilidad —era para mí

lo más importante— de no servir a Cervantes en el plato frío del

dato biográfico, sino que, respetándolo, vibrar con el que nos hizo

vibrar, viajar y escapar con él, recitar con él, sentir su frío y su calor,

reír y llorar a su lado.

El cervantismo (Pérez Pastor, Rodríguez Marín, Alonso Cortés,

León Máinez, Astrana…), que partió de la nada, ha resultado ser

un torrente documental, en cuya paciente y destilada orilla, uno

puede conseguir el perfil más ajustado de nuestro personaje. Y

hemos tenido que aprender a escuchar desde esa orilla por entre

los fríos datos para recobrar el aliento de nuestro escritor-símbolo.

Me gustaría también, lector amigo, si me dejas, contarte aquí

una anécdota a la que yo asistí incidentalmente a mis 14 años. Era

el 6 de octubre del año 1956, Día de la Provincia, y se inauguraba

la casa natal de Cervantes. La Sociedad Cervantina de Madrid quiso

boicotear el acto en protesta por no haber sido respetados los

rasgos originales del inmueble de la calle Imagen 2 de Alcalá de

Henares. Uno de los groseros detalles de aquella rehabilitación era

que habían sido sustituidas las viejas zapatas de madera del porche

por las columnas del patio de Fonseca del Palacio Arzobispal, allí

apiladas por causa del incendio del 39.

Pues bien, supongo que para hacer bulto nos llevaron al acto

de inauguración a los seminaristas como entonces yo era y no

tengo empacho en decirlo. Allí, en el humilde patio porticado

de incrustaciones palaciegas, ante las autoridades asistentes del

ayuntamiento y de la Diputación Provincial, organismo que había

ejecutado la reforma de la casa, a mi anciano profesor de literatura

don Rafael Sanz de Diego le dio un aire y voceaba movilizándose

por el patio. Yo no le entendía bien lo que decía: «Esta

no es la casa de Astrana», repetía deambulando de un lado a otro,

sin que yo comprendiera el mensaje. Me preguntaba aquel día,

apoyado en la balaustrada de la galería superior, que quién era ese

nombre voceado. ¿Acaso no estábamos en la casa de Cervantes?

¿A cuento de qué venía la casa de «Astrán» o «Astracán»? Don

Rafael, canónigo penitenciario de la Iglesia Magistral de Alcalá

de Henares, era un poeta celebrado y repleto de recuerdos de

eventos literarios. Un día nos leyó la poesía con la que intervino

en la velada a la que asistió en Alcalá doña Emilia Pardo Bazán.

Era autor de varias obras teatrales que firmaba como Cruz de la

Cruz y Ángel Caído, y nunca nos había hablado de ese extraño

personaje que ahora voceaba en actitud rebelde, como santo y

seña de su causa.

Y, sin embargo, lector amigo, quién me lo iba a decir a mí cuando

miraba incrédulo desde aquella balconada en la que, al día siguiente,

me vi retratado de fondo en las páginas de huecograbado

del Diario ABC. Porque andando el tiempo, a don Luis Astrana

Marín, mentor de la casa natal de Cervantes, le hube de leer con

fruición, navegando por sus copiosos siete tomos, y, en mi época

de munícipe, le propuse para darle la calle que tiene, y después, en

1997, representando a la Institución de Estudios Complutenses

en la Comisión organizadora del 450º Aniversario, le propuse para

darle la escultura que tiene. Y no creyéndolo suficiente, aprovecho

esta oportunidad una vez más, curioso lector, para decirte que todos

los que de Cervantes hablamos hemos de beber de su caudal

generoso, donde se juntan su pluma lúcida y su investigación gozo-

sa. Y, sin embargo, ni Shakespeare ni Goethe tienen un panegirista

de su talla. Lo cual yo digo en esta ocasión de mi parte.

Por todo ello, aquí te dejo, cervantino amigo, una biografía insólita

de Cervantes con las innovaciones anunciadas y no anunciadas.

Es un plato típico y tópico en proporción consumible, aderezado

para su degustación, al que se le introducen ingredientes naturales

y se le retiran viejos tasajos. Buen provecho.


El Autor


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