ANTOLOGÍA
POÉTICA I
Quiero presentar aquí una
selección, siempre difícil, de mi obra poética. En 2015 presenté Poeta en
Alcalá –Empresa Promoción de Alcalá-Domiduca– (I); en 2021 presenté
Travesía de ensueño –Editorial Almuzara– (II);
en el mismo año 2021 adjunté un Apéndice poético a miobra Alcalá gota
a gota –Domiduca– (III); y el último que tengo entre manos se titula Conchas
y Arenas, por tratarse de poemas y relatos breves (IV). Pues bien, de los
cuatro libros, incluso del non-nato, hago aquí una muestra. Escribimos,
entre otras cosas, para que se nos lea. Empiezo espigando en la poesía
cervantina y alcalaína de I y III, para abrirme después a un espectro general
en Antologí Poética II.
AL CIPRÉS DE LA CASA DE CERVANTES
Pluma que anhela su papel del cielo,
Escala de renglones estelares,
Aspersor de alfileres malabares,
Torre maestra de agudeza y vuelo.
Pértiga de la gloria, flor del suelo,
Pirámide natal junto al Henares,
Índice alzado, celos de lugares,
Centinela afilado por desvelo,
Si dudaras, ciprés, por solo instantes,
De que en tu insigne tierra cultivada
Brotó la flor por ti más adorada,
Yo aliviaré tu tronco de reptantes
Y abonaré tu alcorque con mi azada,
Fiel guardián de la Casa de Cervantes.
TORRE DE SAN
JUSTO
Gran torre episcopal de la alborada,
Sillería en marfil de cuerpo entero,
Faro de mar que alumbra mi velero,
Cigüeña que crotora doctorada.
Palma de Niños Mártires ganada
Fiel mojón del romano desafuero
Sobre un infanticidio justiciero,
Donde brotó la vida sepultada.
Tú, torre grande de los ojos grandes
Que escudriñas rincones y caminos:
La fe y la paz de tu mirar demandes.
Y el vigor de tus bronces diamantinos
Es clamor secular que grave expandes,
Magistral Catedral de alcalaínos.
LA TORRE SOLA
Torre de Alcalá
huérfana y exenta,
obstinado vestigio
en rebeldía.
cisura en el costado
que la unía
al cuerpo demolido
por la afrenta.
Amputado peñón que
se reinventan
desde la ruina de su
geografía,
promontorio de fe,
puntal, vigía,
islote de virtud que
nos alienta.
Tus ojos hueros, ya
sin lacrimales,
no secan ese aljibe
cervantino,
peñasco de sus aguas
bautismales.
Sabes tú, lanza,
ínsula, molino,
que Miguel,
manantial de manantiales
solo en tu entraña brota a su destino.
MI CÚPULA CHICA
No son dos sino son tres
las cúpulas JESUÍTICAS:
una, de las Santas Formas,
copa volcada y festiva;
otra es la moza más alta
de la alcoba alcalaína;
y la chica es la olvidada
por sus blancuras marchitas;
novia de albor incorrupto,
revive honores dormida.
Hoy a la chica he mirado
y le he puesto en mi retina
larga veleta dorada
para recobrar su estima,
que una veleta truncada
no cabe en Roma la Chica
ni en el cielo que disputan
sus dos más altas vecinas,
las que airosas la aventajan,
la reducen y le birlan
la memoria de su gloria
y su médula de espina.
CALLE MAYOR
Quiero anteponer aquí unas
palabritas a mi romance de la Calle Mayor que inserté en mi primer libro de
poemas “Poeta en Alcalá” y que, sin embargo, me ha resultado personalmente el
más agradecido. La calle Mayor de Alcalá, la calle soportalada más larga de
entre las ciudades castellanas, aparece aquí como escenario de las imágenes y
los sonidos de mi infancia y adolescencia. Los sonidos de los sonoros carros
militares, acompasados por los cascos de los caballos percherones, que se
abastecían en las pescaderías de cerca de la casa de mi abuelo en la calle
Carmen Calzado
Desfiladero rocoso,
soportaladas vertientes,
galerías laterales
donde se filtra la gente
e inundan los días de ocio
todo el cauce las corrientes.
Fría y vieja judería
de añosos pasos silentes,
pasarela principal
de la vida complutense,
donde pasan y pasean
los que un día ya no vuelven,
donde tiendas y tenderos
posan y… desaparecen:
cererías y carbones,
piensos, espartos, cordeles,
las máquinas de coser,
ultramarinos, arenques,
cromos, novelas, tebeos,
el chicharro en escabeche
y las chufas remojadas,
servidas con cubilete.
Museo de pendolistas.
mausoleo de carteles,
de oficios y mostradores
que se van y que se vienen,
de chatarra de monedas,
reguero de toda especie
de metales y de efigies
que brillan y se oscurecen.
Caras de toda la vida,
como si el soportal fuesen,
día tras día en la médula,
un día se desvanecen,
mientras sólo el soportal
se mantiene indeleble:
alineación de columnas
como formada en cuarteles,
que, firmes durante siglos,
ni descanso les conceden.
Sicofonía de voces,
mezcolanza del oyente,
de pescaderos que gritan
y pregoneros que venden
lana, canarios, mecheros,
cebollas, melones, brécoles.
“miel y nueces de la Alcarria”
cantaba el Niño de Irueste
entre cascos de caballos
de los carros intendentes,
y el ronquillo que vocea
“los iguales de la suerte”,
y la churrera temprana:
“churros y porras calientes”
y toca el Hospitalillo
su campana más alegre,
y el silbo de afiladores
es partitura de intérprete.
A la tarde cañamones,
castañeras con sartenes,
cucuruchos calentitos,
heladeros otras veces.
Ahora pasan nocherniegos
y un grito en la noche: ¡Pepe!
replica; ¡Sereno va!
viniendo el farol de frente.
Por San Antón gruñen cerdos
y un hombre con mandilete
manda una banda de pavos,
que agrupa muy diestramente,
mientras los esquiladores,
sus tijeras insistentes
chascan hablando a las bestias
como el barbero al cliente.
El camión del pescado,
mangarriega, tenderetes,
gigantes y cabezudos,
teatro de tipos célebres.
Todo pasa, pasan todos
el soportal displicentes
sin saber que los tamiza,
los afila y palidece.
La calle Mayor esconde
el que era día solemne:
Santas Formas Incorruptas
con procesión que estremece,
que duró tres siglos largos
y hasta asistieron los reyes.
Escucha el canto unísono
que brota del pecho ardiente,
oye el clarín, las cornetas,
trompetas y clarinetes
de Húsares de Pavía,
guarniciones complutenses
de Lanceros de la Reina,
de Wad-Ras, marciales siempre.
Al pasar la gran custodia
se arrodillaban las gentes.
Mira el gran palio que portan
que de ocho varas se extiende,
al que arrojan los balcones
sus rosas y sus claveles.
segadores valencianos,
negras blusas, ponen cierre,
Zoco, lonja, bazar, rastro,
corredor de mercaderes,
mentidero, pipería
y refugio de indolentes.
Cocina y salón corridos,
despensa de exquisiteces,
traje diario y festivo
de lutos y parabienes.
Picaresca de estudiantes,
soldadesca efervescente,
y la ternura se viste
de escolapia y filipense.
Antezana y “la Sinoga”
del mismo espinazo penden,
como la Casa Cervantes
y la Calzonera enfrente.
Todo pasa, pasan todos
por los largos almacenes
del soportal de la vida,
que la cobija y retiene.
CERVANTES VUELVE DE ARGEL
Casa en la calle de Carros, esquina a los
Santos Niños,
fue la casa de la madre en sede del señorío,
donde Miguel bisbisea los secretos de su exilio
después de dormir de largo y un baño en el cobertizo.
Doce años de retranca y no le oye Rodrigo,
quien para leer los labios un candelabro ha traído,
pues Miguel es tan tartaja que no le da labios finos
y Leonor ya de cansada no tiene gesto expresivo,
ni al asaltar su galera cuando le hacen cautivo
ni al desnarigar el rey Azán Bajá de continuo.
La madre entre las lentejas saca las que
tienen bicho.
Ahora le mete la cueva a la madre en el
oído,
la cueva donde se esconden y les atiende Juanico.
Ahora le mete la luna de la noche que no vino
la barcaza del hermano como había prometido,
cuando Miguel le dio su vez en un rescate masivo.
Y Rodrigo nunca supo que colgaron a
Juanico,
supo que los ojos de ella se habían quedado fijos,
atracados en el puerto de sus dos iguales hijos.
PATIOS DE ALCALÁ
Patios en calma del alma
de colegios y conventos
en la trama que derrama
espíritu y pensamiento,
el más completo alimento
que se liba en los panales
de las celdillas claustrales
—dulce libro, rezo lento—
de los patios de Alcalá.
Claustro y noria de caminos,
de silencios y clamores,
de mojones monolíticos
que guardan pasos y ardores:
la ascética rota en flores,
mística la enredadera
que levita, prisionera,
prendida en vivos amores
en los patios de Alcalá.
Santos de Loyola y Borja,
Villanueva, Calasanz
y san Diego de Alcalá,
aula de su luz y forja
que a Juan de Ávila acoja
como a san Juan de la Cruz
y a Teresa de Jesús,
santo aroma que se aloja
en los patios de Alcalá.
El BUSCÓN EN ALCALÁ
Yo fui huésped de un morisco
que me olió como a marrano
que se metía en su risco
para hozar a mi trasmano.
Tronada de colegiales
pidió a gritos la patente:
dos docenas de reales
mordió la grita estridente,
a la bolsa de mi amo
sin que la grazna aflojara,
porque era yo su reclamo
y por Nuevo me regara
de gargajos bien nevado,
sin poder nunca olvidar
a un manchego acatarrado
de inagotable caudal.
Fui bellaco con bellacos
y puse pena de vida
a gallinas, pajarracos
y marranos en partida.
Por patios busqué buscona
siendo Buscón sin billetes,
apalabré pechugona,
creyendo lo que prometes.
Dejé medio pueblo en llanto,
del que otro medio reía
al ver que lloraba tanto
por mi deuda que partía.
Les dije que iba a Madrid,
y un gentío me esperara
en su puerta, mas salí
por la de Guadalaxara.
LOS TRENES DE FUEGO
A
Pilar y Gabriel Moris
en el noveno aniversario del 11M.
¡Calla,
Alcalá, calla!
Cuatro trenes de fuego te armaron
y tú, cándida, andabas en Babia.
Cuatro
trenes de insidia te urdieron
cuatro trenes de muerte lanzabas,
los trenes de espanto
de aquella mañana.
La
satánica urdimbre tejió
su maraña de araña y de saña.
Sorprendida
en tus claros luceros,
te quebraron tus bríos del alba,
te fallaron tus torres vigías
de mudas alarmas.
Allá
van tus trenes,
—que un tren te paraba,
que tres te nacían
y cuatro cargaban—,
allá van tus trenes,
caballos de Troya
que ocultan su trama.
Desbocados
caballos obreros
tras la hora que llevan a rastras,
eran trenes de sueño alterado,
diligentes que alzaron las sábanas,
eran trenes de bola de nieve,
vía crucis que cumple paradas.
Allí
van tus trenes
de luces metálicas,
rejones silentes
que buscan la entraña,
matutina la bestia que ronda
el albero de sombras cambiadas.
Allí
íbamos todos temprano,
perezosos de mono y corbata
—un sitio, un destino—
en la pública y libre bancada.
Nos
quemaron los ojos, los hijos,
los ejes del alma,
volaron los sueños
y asaron entrañas,
las suyas y nuestras
de trenes y casas,
y aturdidos los unos, los otros,
sobre vías y calles y plazas,
«¿qué pasa?», decían,
«¿qué pasa?», gritaban.
Alcalá,
tú que sabes no sabes
de simas humanas.
La
verdad que enseñaste no llega
a tus trenes de fuego y patraña:
el mayor atentado de Europa
te clavaron en lengua de España.
Traidora
mañana
que dejaba esparcida la muerte
en tus rayas de hierro más largas,
horizonte de urnas triunfales
sobre el voto de sangre macabra.
Tú
que ríes de historia y de hijos,
llorarás este crimen canalla,
donde rompen los trenes ya rotos
para hundir los perfiles del arma.
Taparon
la trampa,
la trama y la traza
y el tiempo repite:
¿qué pasa, qué pasa?
A RAMÓN DEL OLMO
Ramón del Olmo, amigo,
corazón que no deserta
bisagra de puerta abierta,
umbral de bondad y abrigo.
Amigo de hacer mercedes,
y ciudadano ejemplar
por el título oficial
del honor que nos concedes.
Para el listado palmario
de tus títulos ganados,
tu juventud ha alcanzado
el listón nonagenario.
Noventa años de amores
a tu raqueta azuzando
y tu alma amplificando
los colores y calores.
Noventa años mostrando
tus recuencos servidores,
siendo señor de señores
en el feudo de tu mando.
Noventa años andando
calles y plazas, lugares
de tu más querido Henares,
tu río que va pasando.
Tú no eres río, Ramón,
tú eres riada de afectos
por la invasión de proyectos
que acometió tu aluvión.
Desde el delta de tu estuario,
—solidario señorío
de la anchura de tu río—,
cantamos tu aniversario.
ALCALÁ DE LAS CIGÜEÑAS
¡Esas zancudas de alambre
veletas de garabato
que a los tejados más altos
dan su hogar!
Bailarinas de ballet
en los altos escenarios
de torres y campanarios
de Alcalá.
Castañuelas de la altura,
arquitectas de su nido,
tenacidad y prodigio
vertical.
Vuela el Henares que besa
a la Compluto romana
y a su Madre Soberana
en el Val.
Casa–nido de alta torre,
casa–nido de altos cantes,
casa–nido de Cervantes
revolad.
Doctoras del aula abierta,
volanderas legendarias
sobre la Universitaria
Ciudad.
Voláis todo el Siglo de Oro:
Calderón, Quevedo, Íñigo,
Solís, Valdés, Lope, Tirso,
Calasanz…
Sobrevoláis esa pátina
de los sabios y los santos,
de los reyes que alumbraron
su solar.
Voláis la Biblia Políglota,
sus caracteres caldeos,
latinos, griegos, hebreos,
sabio afán.
Es Patrimonio del mundo
ese casco de colegios
donde el cardenal Cisneros
fue tenaz.
Vuela, zancuda, y me cuentas
tu insigne y añoso vuelo
por el tejar que hasta el cielo
llegará.
ALCALÁ DE LOS CIPRESES
Ánimas flacas de Roma
en los negruzcos cipreses
de los lares complutenses
donde la muerte se asoma.
Van por Puerta de Madrid
los cipreses alineados
alta vida de legados
donde camina el Latín.
Y de las Úrsulas son
otros cipreses mochados
en lenguaje pareado
por desposorios con Dios.
Patio Trilingüe, certeros,
tres cipreses como flechas
marcan cielos de cosechas
bajo el poder de Cisneros.
Bóvedas en sus reveses,
ruinas de Santa María,
mitigan la alevosía
con la paz de los cipreses
Ejemplares descollantes
sin ser dos ni sin ser tres,
uno grande es el ciprés
varilargo de Cervantes.
Cipresal del camposanto
asaltado por los trenes,
substanciado por sus genes,
regado de tanto llanto.
A los dardos soñadores,
cofrades de capuchón,
fantasmas con su sayón,
militares gastadores,
les rinde el Parque Ferial
hondo y redondo homenaje
formando
de largo traje…
los cipreses de Alcalá.
CRIPTA DE
MÁRTIRES
En la cripta
de Justo y Pastor
vive el
tiempo encerrado y preso.
Descendéis
escaleras que os llevan
al glacial
calabozo del tiempo.
Doble acceso
de rejas forjadas
Nos ilustran
de afán carcelero.
Y a un preso
tan solo
compaña
le dieron,
que el
Tiempo y la Fe
se afincan
de lleno.
El arca
fulgente
abriga el
misterio
con gritos silentes
y graves
acentos.
La prisión
la preside la piedra
que es
tirada por ser de desecho
que no
asienta en la cuerda del muro
pero asienta
en el magno suceso.
La piedra
que es santa
y es ara del
templo,
almohada de
sangre
que acoge
sus cuellos.
Y los ojos
que buscan los ojos
de la piedra
que vio aquel tormento.
Aherrojada
la piedra querida,
una mano le
porta dos besos.
Es piedra
apresada
por fuertes
afectos
la piedra
que al valle
le dio
fundamento,
que nace extra
muros
y hoy es el
centro,
que es mojón
de sagrada reliquia
y congrega
devotos de lejos,
Alcalá de
Santiuste que nace
y Compluto
que deja de serlo,
caserío en
torno a los Mártires
y el que
entierra se muere primero,
se muere
Compluto,
se rompe su
cerco
florece la
sangre,
¡Santiuste
es un huerto!
Libertades
que nacen y mueren,
conquistadas
con sangre del pueblo,
la sangre de
niños
que son
nuestro ejemplo,
ternura
vertida,
miniado
boceto
de niños
hermanos
que van al
colegio.
Las verdades
las dicen los niños
y pretores
de todo momento
no saben
oírlas
por ser tan
soberbios.
Los infantes
su fe proclamaron,
su verdad
defendieron sin miedo
contra los
despóticos,
contra los
abyectos,
contra
timoratos,
contra los
superfluos.
Libertad con
Verdad y con Fe
prologaron
aquí monumento.
En tan firme
cámara
oíd con
respeto,
en tan fiel
bodega
os pido
silencio
Los ojos de
Mari Val
Los ojos como tizones
son los tuyos, Mari Val.
tus pupilas se fundieron
en el fuego de Alcalá.
Nunca un tizón fue más negro
que el Palacio Arzobispal,
ocho siglos toledanos
de la mitra principal,
Señorío prelaticio
de
Señores que enseñorean
su recinto señorial:
Rada, Tenorio, Tavera,
Cisneros y Sandoval,
filigrana de yeseros,
artesonados sin par,
ay, tu patio de Fonseca
y su escalera estelar,
y tu Salón de Concilios
y tu labrado sillar,
mientras que el agua se oía
por sus patios borbotar.
Alhambra mora y católica,
Renacimiento integral,
paradero de los reyes,
sala de Audiencia Real,
paridera de las reinas,
alumbramiento imperial,
entrevista de Colón,
e Isabel alumbrará
intuiciones y veleros
por los caminos del mar.
¡Todo el Palacio está en
llamas
En un delirio estival!
Covarrubias, Berruguete,
Siloé, Machuca van
en el humo que conforma
una columna infernal,
columna clavada al cielo
y al corazón de Alcalá.
Todo un Palacio de ensueño
para un Archivo Central.
Ardió
por su letra y su fanal,
cuando no quedaban lágrimas
que la pudieran llorar.
Los ojos como tizones
son los tuyos, Mari Val.
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