miércoles, 18 de marzo de 2026

ANTOLOGÍA POÉTICA I

 


ANTOLOGÍA POÉTICA I

 

     Quiero presentar aquí una selección, siempre difícil, de mi obra poética. En 2015 presenté Poeta en Alcalá –Empresa Promoción de Alcalá-Domiduca– (I); en 2021 presenté Travesía de ensueño –Editorial Almuzara– (II);  en el mismo año 2021 adjunté un Apéndice poético a miobra Alcalá gota a gota –Domiduca– (III); y el último que tengo entre manos se titula Conchas y Arenas, por tratarse de poemas y relatos breves (IV). Pues bien, de los cuatro libros, incluso del non-nato, hago aquí una muestra. Escribimos, entre otras cosas, para que se nos lea. Empiezo espigando en la poesía cervantina y alcalaína de I y III, para abrirme después a un espectro general en Antologí Poética II.







AL CIPRÉS DE LA CASA DE CERVANTES

 

 

Pluma que anhela su papel del cielo,

Escala de renglones estelares,

Aspersor de alfileres malabares,

Torre maestra de agudeza y vuelo.

 

Pértiga de la gloria, flor del suelo,

Pirámide natal junto al Henares,

Índice alzado, celos de lugares,

Centinela afilado por desvelo,

 

Si dudaras, ciprés, por solo instantes,

De que en tu insigne tierra cultivada

Brotó la flor por ti más adorada,

 

Yo aliviaré tu tronco de reptantes

Y abonaré tu alcorque con mi azada,

Fiel guardián de la Casa de Cervantes.


   TORRE DE SAN JUSTO

 

Gran torre episcopal de la alborada,

Sillería en marfil de cuerpo entero,

Faro de mar que alumbra mi velero,

Cigüeña que crotora doctorada.

 

Palma de Niños Mártires ganada

Fiel mojón del romano desafuero

Sobre un infanticidio justiciero,

Donde brotó la vida sepultada.

 

Tú, torre grande de los ojos grandes

Que escudriñas rincones y caminos:

La fe y la paz de tu mirar demandes.

 

Y el vigor de tus bronces diamantinos

Es clamor secular que grave expandes,

Magistral Catedral de alcalaínos.

 

 

LA TORRE SOLA

 

 

 

Torre de Alcalá huérfana y exenta,

obstinado vestigio en rebeldía.

cisura en el costado que la unía

al cuerpo demolido por la afrenta.

 

Amputado peñón que se reinventan

desde la ruina de su geografía,

promontorio de fe, puntal, vigía,

islote de virtud que nos alienta.

 

Tus ojos hueros, ya sin lacrimales,

no secan ese aljibe cervantino,

peñasco de sus aguas bautismales.

 

Sabes tú, lanza, ínsula, molino,

que  Miguel, manantial de manantiales

solo en tu entraña brota a su destino.

 

 

 

 

MI CÚPULA CHICA

 

No son dos sino son tres
las cúpulas JESUÍTICAS:
una, de las Santas Formas,
copa volcada y festiva;
otra es la moza más alta
de la alcoba alcalaína;
y la chica es la olvidada
por sus blancuras marchitas;
novia de albor incorrupto,
revive honores dormida.

Hoy a la chica he mirado
y le he puesto en mi retina
larga veleta dorada
para recobrar su estima,
que una veleta truncada
no cabe en Roma la Chica
ni en el cielo que disputan
sus dos más altas vecinas,
las que airosas la aventajan,
la reducen y le birlan
la memoria de su gloria
y su médula de espina.

 

CALLE MAYOR

 

 

     Quiero anteponer aquí unas palabritas a mi romance de la Calle Mayor que inserté en mi primer libro de poemas “Poeta en Alcalá” y que, sin embargo, me ha resultado personalmente el más agradecido. La calle Mayor de Alcalá, la calle soportalada más larga de entre las ciudades castellanas, aparece aquí como escenario de las imágenes y los sonidos de mi infancia y adolescencia. Los sonidos de los sonoros carros militares, acompasados por los cascos de los caballos percherones, que se abastecían en las pescaderías de cerca de la casa de mi abuelo en la calle Carmen Calzado 5, a donde llegaba el grito de la churrera temprana, del niño de Irueste y los gritos de los ciegos del “sale hoy, para hoy” de Fernando Gómez Molina y de la Elisa… Pero la larga calle Mayor de Alcalá no se podía circunscribir a mi sola perspectiva. Hay imágenes y voces que yo no he visto ni oído y que he incorporado al romance tomándolas del escritor costumbrista alcalaíno Luis Madrona, tales como el pavero, el sereno, la feria de San Antón, los esquiladores y la procesión de las Santas Formas, que yo no conocí. Imágenes y sonidos amontonados que ruedan por el largo romance dela larga calle, como rueda el tiempo que la hace más larga, también indeleble frente a nosotros. Esa calle de roca que nos cobija y nos devora a todos por igual. Ahí va mi romance

 

 

Desfiladero rocoso,

soportaladas vertientes,

galerías laterales

donde se filtra la gente

e inundan los días de ocio

todo el cauce las corrientes.

Fría y vieja judería

de añosos pasos silentes,

pasarela principal

de la vida complutense,

donde pasan y pasean

los que un día ya no vuelven,

donde tiendas y tenderos

posan y… desaparecen:

cererías y carbones,

piensos, espartos, cordeles,

las máquinas de coser,

ultramarinos, arenques,

cromos, novelas, tebeos,

 el chicharro en escabeche

y las chufas remojadas,

servidas con cubilete.

Museo de pendolistas.

mausoleo de carteles,

de oficios y mostradores

que se van y que se vienen,

de chatarra de monedas,

reguero de toda especie

de metales y de efigies

que brillan y se oscurecen.

Caras de toda la vida,

como si el soportal fuesen,

día tras día en la médula,

 un día se desvanecen,

mientras sólo el soportal

se mantiene indeleble:

alineación de columnas

como formada en cuarteles,

que, firmes durante siglos,

ni descanso les conceden.

 

Sicofonía de voces,

mezcolanza del oyente,

de pescaderos que gritan

y pregoneros que venden

lana, canarios, mecheros,

cebollas, melones, brécoles.

“miel y nueces de la Alcarria”

cantaba el Niño de Irueste

entre cascos de caballos

de los carros intendentes,

y el ronquillo que vocea

“los iguales de la suerte”,

y la churrera temprana:

“churros y porras calientes”

y toca el Hospitalillo

su campana más alegre,

y el silbo de afiladores

es partitura de intérprete.

A la tarde cañamones,

castañeras con sartenes,

cucuruchos calentitos,

heladeros otras veces.

Ahora pasan nocherniegos

y un grito en la noche: ¡Pepe!

replica; ¡Sereno va!

viniendo el farol de frente.

Por San Antón gruñen cerdos

y un hombre con mandilete

manda una banda de pavos,

que agrupa muy diestramente,

mientras los esquiladores,

sus tijeras insistentes

chascan hablando a las bestias

como el barbero al cliente.

 

El camión del pescado,

mangarriega, tenderetes,

gigantes y cabezudos,

teatro de tipos célebres.

Todo pasa, pasan todos

el soportal displicentes

sin saber que los tamiza,

los afila y palidece.

 

La calle Mayor esconde

el que era día solemne:

Santas Formas Incorruptas

con procesión que estremece,

que duró tres siglos largos

y hasta asistieron los reyes.

Escucha el canto unísono

que brota del pecho ardiente,

oye el clarín, las cornetas,

trompetas y clarinetes

de Húsares de Pavía,

guarniciones complutenses

de Lanceros de la Reina,

de Wad-Ras, marciales siempre.

Al pasar la gran custodia

se arrodillaban las gentes.

Mira el gran palio que portan

que de ocho varas se extiende,

al que arrojan los balcones

sus rosas y sus claveles.

segadores valencianos,

negras blusas, ponen cierre,

 

Zoco, lonja, bazar, rastro,

corredor de mercaderes,

mentidero, pipería

y refugio de indolentes.

Cocina y salón corridos,

despensa de exquisiteces,

traje diario y festivo

de lutos y parabienes.

Picaresca de estudiantes,

soldadesca efervescente,

y la ternura se viste

de escolapia y filipense.

Antezana y “la Sinoga”

del mismo espinazo penden,

como la Casa Cervantes

y la Calzonera enfrente.

Todo pasa, pasan todos

por los largos almacenes

del soportal de la vida,

que la cobija y retiene.


CERVANTES VUELVE DE ARGEL

 

 

Casa en la calle de Carros, esquina a los Santos Niños,
fue la casa de la madre en sede del señorío,
donde Miguel bisbisea los secretos de su exilio
después de dormir de largo y un baño en el cobertizo.

Doce años de retranca y no le oye Rodrigo,
quien para leer los labios un candelabro ha traído,
pues Miguel es tan tartaja que no le da labios finos
y Leonor ya de cansada no tiene gesto expresivo,
ni al asaltar su galera cuando le hacen cautivo
ni al desnarigar el rey Azán Bajá de continuo.

La madre entre las lentejas saca las que tienen bicho.

Ahora le mete la cueva a la madre en el oído,
la cueva donde se esconden y les atiende Juanico.
Ahora le mete la luna de la noche que no vino
la barcaza del hermano como había prometido,
cuando Miguel le dio su vez en un rescate masivo.

Y Rodrigo nunca supo que colgaron a Juanico,
supo que los ojos de ella se habían quedado fijos,
atracados en el puerto de sus dos iguales hijos.

 

 

PATIOS DE ALCALÁ

 

 

Patios en calma del alma
de colegios y conventos
en la trama que derrama
espíritu y pensamiento,
el más completo alimento
que se liba en los panales
de las celdillas claustrales
—dulce libro, rezo lento—
de los patios de Alcalá.

 

Claustro y noria de caminos,    
de silencios y clamores,
de mojones monolíticos
que guardan pasos y ardores:
la ascética rota en flores,
mística la enredadera
que levita, prisionera,
prendida en vivos amores
en los patios de Alcalá.

 

Santos de Loyola y Borja,
Villanueva, Calasanz
y san Diego de Alcalá,
aula de su luz y forja
que a Juan de Ávila acoja
como a san Juan de la Cruz
y a Teresa de Jesús,
santo aroma que se aloja
en los patios de Alcalá.

 





 

El BUSCÓN EN ALCALÁ

 

 

Yo fui huésped de un morisco
que me olió como a marrano
que se metía en su risco
para hozar a mi trasmano.

Tronada de colegiales
pidió a gritos la patente:
dos docenas de reales
mordió la grita estridente,
a la bolsa de mi amo
sin que la grazna aflojara,
porque era yo su reclamo
y por Nuevo me regara
de gargajos bien nevado,
sin poder nunca olvidar
a un manchego acatarrado
de inagotable caudal.

Fui bellaco con bellacos
y puse pena de vida
a gallinas, pajarracos
y marranos en partida.

Por patios busqué buscona
siendo Buscón sin billetes,
apalabré pechugona,
creyendo lo que prometes.

Dejé medio pueblo en llanto,
del que otro medio reía
al ver que lloraba tanto
por mi deuda que partía.

Les dije que iba a Madrid,
y un gentío me esperara
en su puerta, mas salí
por la de Guadalaxara.

LOS TRENES DE FUEGO

 

A Pilar y Gabriel Moris
en el noveno aniversario del 11M.

 

¡Calla, Alcalá, calla!
Cuatro trenes de fuego te armaron
y tú, cándida, andabas en Babia.

Cuatro trenes de insidia te urdieron
cuatro trenes de muerte lanzabas,
los trenes de espanto      
de aquella mañana.

La satánica urdimbre tejió
su maraña de araña y de saña.

Sorprendida en tus claros luceros,
te quebraron tus bríos del alba,
te fallaron tus torres vigías
de mudas alarmas.

Allá van tus trenes,
—que un tren te paraba,
que tres te nacían
y cuatro cargaban—,
allá van tus trenes,
caballos de Troya
que ocultan su trama.

Desbocados caballos obreros
tras la hora que llevan a rastras,
eran trenes de sueño alterado,
diligentes que alzaron las sábanas,
eran trenes de bola de nieve,
vía crucis que cumple paradas.

Allí van tus trenes
de luces metálicas,
rejones silentes
que buscan la entraña,
matutina la bestia que ronda
el albero de sombras cambiadas.

Allí íbamos todos temprano,
perezosos de mono y corbata
—un sitio, un destino—
en la pública y libre bancada.

Nos quemaron los ojos, los hijos,
los ejes del alma,
volaron los sueños
y asaron entrañas,
las suyas y nuestras
de trenes y casas,
y aturdidos los unos, los otros,
sobre vías y calles y plazas,
«¿qué pasa?», decían,
«¿qué pasa?», gritaban.

Alcalá, tú que sabes no sabes
de simas humanas.

La verdad que enseñaste no llega
a tus trenes de fuego y patraña:
el mayor atentado de Europa
te clavaron en lengua de España.

Traidora mañana
que dejaba esparcida la muerte
en tus rayas de hierro más largas,
horizonte de urnas triunfales
sobre el voto de sangre macabra.

Tú que ríes de historia y de hijos,
llorarás este crimen canalla,
donde rompen los trenes ya rotos
para hundir los perfiles del arma.

Taparon la trampa,
la trama y la traza
y el tiempo repite:
¿qué pasa, qué pasa?

A RAMÓN DEL OLMO

 

Ramón del Olmo, amigo,
corazón que no deserta
bisagra de puerta abierta,
umbral de bondad y abrigo.

Amigo de hacer mercedes,
y ciudadano ejemplar
por el título oficial
del honor que nos concedes.

Para el listado palmario
de tus títulos ganados,
tu juventud ha alcanzado
el listón nonagenario.

Noventa años de amores
a tu raqueta azuzando
y tu alma amplificando
los colores y calores.

Noventa años mostrando
tus recuencos servidores,
siendo señor de señores
en el feudo de tu mando.

Noventa años andando
calles y plazas, lugares
de tu más querido Henares,
tu río que va pasando.

Tú no eres río, Ramón,
tú eres riada de afectos
por la invasión de proyectos
que acometió tu aluvión.

Desde el delta de tu estuario,
—solidario señorío
de la anchura de tu río—,
cantamos tu aniversario.

ALCALÁ DE LAS CIGÜEÑAS

 

¡Esas zancudas de alambre
veletas de garabato
que a los tejados más altos
dan su hogar!

Bailarinas de ballet

en los altos escenarios
de torres y campanarios
de Alcalá.

Castañuelas de la altura,
arquitectas de su nido,
tenacidad y prodigio
vertical.

Vuela el Henares que besa
a la Compluto romana
y a su Madre Soberana
en el Val.

Casa–nido de alta torre,
casa–nido de altos cantes,
casa–nido de Cervantes
revolad.

Doctoras del aula abierta,
volanderas legendarias
sobre la Universitaria
Ciudad.

Voláis todo el Siglo de Oro:
Calderón, Quevedo, Íñigo,
Solís, Valdés, Lope, Tirso,
Calasanz…

Sobrevoláis esa pátina
de los sabios y los santos,
de los reyes que alumbraron
su solar.

Voláis la Biblia Políglota,
sus caracteres caldeos,
latinos, griegos, hebreos,
sabio afán.

Es Patrimonio del mundo
ese casco de colegios
donde el cardenal Cisneros
fue tenaz.

Vuela, zancuda, y me cuentas
tu insigne y añoso vuelo
por el tejar que hasta el cielo
llegará.


ALCALÁ DE LOS CIPRESES

 

                                                  

Ánimas flacas de Roma

en los negruzcos cipreses

de los lares complutenses

donde la muerte se asoma.

Van por Puerta de Madrid

los cipreses alineados

alta vida de legados

donde camina el  Latín.

Y de las Úrsulas son

otros cipreses mochados

en lenguaje pareado

por desposorios con Dios.

Patio Trilingüe, certeros,

tres cipreses como flechas

marcan cielos de cosechas

bajo el poder de Cisneros.

Bóvedas en sus reveses,

ruinas de Santa María,

mitigan la alevosía

con la paz de los cipreses

Ejemplares descollantes

sin ser dos ni sin ser tres,

uno grande es el ciprés

varilargo de Cervantes.

Cipresal del camposanto

asaltado por los trenes,

substanciado por sus genes,

regado de tanto llanto.

A los dardos soñadores,

cofrades de capuchón,

fantasmas con su sayón,

militares gastadores,

les rinde el Parque Ferial

hondo y redondo homenaje

                                      formando de largo traje…

                                      los cipreses de Alcalá.

 

 

CRIPTA DE MÁRTIRES

 

 

En la cripta de Justo y Pastor

vive el tiempo encerrado y preso.

Descendéis escaleras que os llevan

al glacial calabozo del tiempo.

Doble acceso de rejas forjadas

Nos ilustran de afán carcelero.

Y a un preso tan solo

 compaña  le dieron,

que el Tiempo y la Fe

se afincan de lleno.

El arca fulgente

abriga el misterio

 con gritos silentes

y graves acentos.

La prisión la preside la piedra

que es tirada por ser de desecho

que no asienta en la cuerda del muro

pero asienta en el magno suceso.

La piedra que es santa

y es ara del templo,

almohada de sangre

que acoge sus cuellos.

Y los ojos que buscan los ojos

de la piedra que vio aquel tormento.

Aherrojada la piedra querida,

una mano le porta dos besos.

Es piedra apresada

por fuertes afectos

la piedra que al valle

le dio fundamento,

que nace extra  muros

y hoy es el centro,

que es mojón de sagrada reliquia

y congrega devotos de lejos,

Alcalá de Santiuste que nace

y Compluto que deja de serlo,

caserío en torno a los Mártires

y el que entierra se  muere primero,

se muere Compluto,

se rompe su cerco

florece la sangre,

¡Santiuste es un huerto!

Libertades que nacen y mueren,

conquistadas con sangre del pueblo,

la sangre de niños

que son nuestro ejemplo,

ternura vertida,

miniado boceto

de niños hermanos

que van al colegio.

Las verdades las dicen los niños

y pretores de todo momento

no saben oírlas

por ser tan soberbios.

Los infantes su fe proclamaron,

su verdad defendieron sin miedo

contra los despóticos,

contra los abyectos,

contra timoratos,

contra los superfluos.

Libertad con Verdad y con Fe

prologaron aquí monumento.

En tan firme cámara

oíd con respeto,

en tan fiel bodega

os pido silencio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los ojos de Mari Val

 

 

Los ojos como tizones

son los tuyos, Mari Val.

tus pupilas se fundieron

en el fuego de Alcalá.

Nunca un tizón fue más negro

que el Palacio Arzobispal,

ocho siglos toledanos

de la mitra principal,

Señorío prelaticio

de la Ciudad Imperial,

Señores que enseñorean

su recinto señorial:

Rada, Tenorio, Tavera,

Cisneros y Sandoval,

filigrana de yeseros,

artesonados sin par,

ay, tu patio de Fonseca

y su escalera estelar,

y tu Salón de Concilios

y tu labrado sillar,

mientras que el agua se oía

por sus patios borbotar.

Alhambra mora y católica,

Renacimiento integral,

paradero de los reyes,

sala de Audiencia Real,

paridera de las reinas,

alumbramiento imperial,

entrevista de Colón,

e Isabel alumbrará

intuiciones y veleros

por los caminos del mar.

¡Todo el Palacio está en llamas

En un delirio estival!

Covarrubias, Berruguete,

Siloé, Machuca van

en el humo que conforma

una columna infernal,

columna clavada al cielo

y al corazón de Alcalá.

Todo un Palacio de ensueño

para un Archivo Central.

Ardió la Historia de España

por su letra y su fanal,

cuando no quedaban lágrimas

que la pudieran llorar.

Los ojos como tizones

son los tuyos, Mari Val.

 


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