jueves, 5 de marzo de 2026

CAPITULO 3. UNA VIHUELA Y UN NIÑO JESÚS - CERVANTES VIVO

                     


3.

UNA VIHUELA Y UN NIÑO JESÚS


En la primavera de 1551 ya estaban los Cervantes en Valladolid.

Arrendaron una casa de dos plantas en el arrabal de Sancti Spiritus.

El bullicio de la ciudad castellana debió infundirle confianzas al

cirujano, quien contrata como sirviente a Cristóbal, mozo de veinte

años, y firma el 1-11-1551 una obligación al usurero Gregorio

Romano por un préstamo de 44.472 maravedís, pagaderos el día

de san Juan del año siguiente de 1552, firmando como fiadores

su hermana María y un compinche del usurero. Era un préstamo

por la venta encubierta y abusiva de cuatro candeleros, cinco tazones,

un bernegal y una calderica, todo en plata. Piezas suntuosas

que nunca vería Rodrigo. Era una práctica evasora de los usureros

de la época, llamada «mohatra». Pronto sus esperanzas quebraron,

porque los cirujanos abundaban en Valladolid y él era un forastero

desplazado. Llegó el señalado día de san Juan y Rodrigo no pudo

atender su obligación. El teniente de corregidor procedió a dar prisión

a Rodrigo, lo cual había sido requerido por Gregorio Romano.

Ya en la cárcel, el defensor de Rodrigo exigió su inmediata libertad

por ser hijodalgo, solicitando para ello treinta días para su probanza

y búsqueda de la deuda, pensando el deudor en su retorno fugaz

a Alcalá, refugio de sus consuelos.

Romano impidió su liberación y requirió de antemano el embargo

de los bienes del deudor, siendo así que el merino de deudas

consignó testigos y fecha de ejecución. Allí, en la planta baja que

ocupaba el matrimonio con sus hijos, el día 4 de julio de 1552 hicieron

profusa y detallada lista de los bienes confiscados: las mantas,

las colchas, los colchones, las almohadas grandes y chicas, lisas

y labradas, de cama y de estrado, y los zaragüelles, jubones y sayos,

y hasta un repostero con el escudo de Alcalá y una espada, la mesa

de nogal y los bancos de pino, una caja de cuchillos dorados, un

libro de latín y dos libros de Medicina del cirujano(12).

—¡Se llevan el Niño Jesús y la vihuela que me regaló la tía María!

—gritó Andrea llorando y saltando desde la pared donde estaba

recostada por no tener ya banco.

—¡No, no y no! ¡El Niño Jesús no! —saltó Luisa con voz de

niña acongojada adhiriéndose hasta físicamente a su hermana—.

¡El Niño Jesús, no, por favor!

Miguel, que no sabía muy bien hasta entonces de qué iba la

cosa, al oír las voces plañideras de sus hermanas, se le encogió el

corazón y saltó junto a ellas, apretándose en una solidaridad instintiva,

aunque sin decir nada. Nunca sería hombre de voz fácil.

—¡Es como si me llevaran a mí! —remachó Andrea, la hermana

mayor, mirando a su madre, inerme y retraída, a falta de la

presencia de su marido.

La madre se secó una lágrima y los embargantes y testigos seguían

su trabajo como si nada oyeran. No hubo lugar para apartar

a los niños. Los buitres se habían adentrado en la vivienda sin miramientos,

todo lo asaltaron, todo lo prendieron, todo lo empacaron.

Miguel está cerca de los cinco años y su frágil alma se le va modelando

a base de empentones. En el patio de Alcalá le llegaron las

voces gruesas de la humillación y a la casa de Valladolid le llega, sin

voces, la humillación silente de la expropiación de tus cosas más

queridas. Se llevan sin consideración lo tuyo, tu almohada, tu toalla,

__________________

(12) El documento de embargo de 4 de julio de 1552 pone de relieve que

Rodrigo poseía tres libros:La gramática latina de Elio, de Elio Antonio de

Nebrija (1442-1522); La práctica de cirugía, de Juan de Vigo, y El libro de las

cuatro enfermedades cortesanas que son catarro, gota arthetica ciática, mal de piedra y de

riñones e hijada… (1544), de Luis Lobera de Ávila. Suponemos que la «caja de

cuchillos dorados» los utilizara para cirugías y sangrías.


tu colchón, tu ropa. ¡Se llevan la vihuela! ¡El Niño Jesús! Esto es

demasiado, esto despierta el letargo de la primera edad. «¿Dónde

está mi padre? Si estuviera aquí mi padre no pasaría esto». Miguel,

que ha ido despertando a la vida en un embargo, mira atónito a su

madre. Tiene la cabeza gacha, resignada, sin nada que decir, porque

sabe que de nada servirá. La abuela al menos protesta contra

aquellos hombres insolentes, pero ella nada, ella contestará mañana.

Callada, lo va rumiando. Leonor madre lo tiene decidido para

mañana, ni un día más aguantará los mosquitos del Pisuerga y del

Esgueva. Miguel, instintivamente, corrió junto a la cuna de su hermano

Rodrigo. A este no, a este no.

Fue aquella la jornada vallisoletana del despojo, de la inclemencia.

Cuando los buitres abandonaron la casa con su botín, los afectos

de madre hubieron de descender generosos sobre aquel niño

desposeído que tiembla de tan inauditas sorpresas. Pero Miguel

aprieta a su madre con su fuerza infantil en aquel abrazo de la

jornada amarga. Sabe que está sola y se lo merece esta madre que

no se rompe nunca y que esconde las lágrimas que él ve siempre.

Aquel mismo día, Leonor escribió el recado para su madre de Arganda

y para su marido encarcelado.

Poseemos el dato de que el día 5 de julio de 1552, el día después

del embargo, el procurador Pedrosa requiere su firma para

un poder judicial y en su ausencia domiciliar lo firma Leonor de

Torreblanca, la abuela. ¿Se marchó de la ciudad? Andaba en ello.

Estuvo rescatando algunos objetos domésticos incautados el día

anterior. Nos ilumina Beatriz de Acebes en sus declaraciones del

procedimiento incoado por el calcetero Pedro García el 6-2-1553,

pretendiendo los bienes dejados por Rodrigo, donde la tenedora

de requisas informa de la visita que le hizo Leonor de Cortinas,

apuntando que después fueron rescatando poco a poco los objetos

señalados, todo lo cual ocupó desde días después de san Juan hasta

cerca de san Miguel, y que más tarde dejaron en prenda cuatro almohadas

de estrado por seis reales (K. Sliwa, Documentos cervantinos

2005).

Según lo cual, deducimos que Leonor de Cortinas encuentra

sus objetos incautados al día siguiente, rescata alguno de sus predilectos:

«un cofre, un arca encorada y unos tapices de lampazos»

y señala los que van a ser retirados, acometiendo de inmediato el

viaje de vuelta a Alcalá. Creemos que tras del embargo, Leonor

salió de naja del oprobio de Valladolid con diligencia. La casa había

quedado desmantelada, inservible para hacer vida y menos para ser

nido de un parto inminente. Allí no habían quedado ni colchones,

ni sábanas, ni toallas. La argandeña, firme y resuelta, salió rebotada

de la villa de la estrechez y del acoso, buscando a su madre para

el parto que venía y obedeciendo a su marido para que lo hiciera

en la casa de Alcalá, ciudad universitaria poblada de galenos por si

fuese necesario. Allí, en Valladolid, quedaba la abuela Leonor por

un tiempo, cerca de su hijo encarcelado y de los objetos por rescatar,

auxiliada de su nieta Andrea. Leonor de Cortinas se fue con el

resto de la familia a Alcalá, donde nacería Magdalena el 22 de julio

de 1552, día de santa María Magdalena. Hacia primeros de octubre,

la abuela y la nieta dejaron también Valladolid con los seis reales

de las almohadas empeñadas, quedando allí María, la hermana de

Rodrigo, quien a su término paga dos casas de alquiler y dice tener

los dineros en Madrid, completando el pago de la renta con «un

tapiz de figuras, una saya de raso guarnicionada de terciopelo y un

manto de raja».

Siete fueron los meses de un rocambolesco proceso en donde

se acumulan las demandas de deuda. Cuando parece le llega la hora

de la libertad, que le llegó, le sale Pedro García requiriendo demanda

incumplida. O le sale al paso el arrendador. Romano pone en

duda su hidalguía para bloquear su salida, que él considera huida.

En su defensa acudieron en persona cuatro alcalaínos y otros dos

que lo hicieron desde Salamanca para declarar a su favor en la corte

de Valladolid. Fue un noble gesto el de los cuatro alcalaínos que

acudieron solidarios en su ayuda bajo el orgullo complutense, los

cuales testificaron que ellos bien le conocían y «que los Cervantes

nunca pecharon en Alcalá», lo que era prueba de hidalguía, y en su

favor había abundante jurisprudencia para su libertad. He aquí el

pedimento de puño y letra del encausado, el padre de Miguel:

Muy poderosos señores: Rodrigo de Cervantes, preso en la

cárcel pública desta villa a pedimyento de Gregorio Romano

e pero garcia, vezinos desta villa, por cierto enbargo que en

my hizo por quantia de quarenta e tantas myll maravedis que

yo les debo por una obligaçion, e yo no tengo en esta villa

ny casa, porque yo soy natural de Alcalá de Henares e yo

tengo en ella y en otras partes my hacienda para poder pagar

a las partes contrarias, porque la renta que tengo es para pan

cogido, y les he rogado que me esperen hasta que lo cobre, e

por me molestar no lo an querido hazer, e yo tengo alegado

ser hombre hijo dalgo e tengo dada ynformaçion dello. A

vuestra alteza pido e suplico me mande dar en fianças de la

haz por treynta dias, porque en este tiempo yo pueda cobrar

mi renta e pagar a las partes contrarias, en lo qual vuestra

alteza admynystrará justicia e a mi hará señalada merced, e

para ello el Real ofiçio de vuestra alteza ymploro(13).

Como la hidalguía le fue impugnada, pidió su abogado Pedrosa

le permitieran salir para cobrar probanza. Al final, el 5 de enero

de 1553 salió de Valladolid a Alcalá junto con su hermana, que

se quedó en Madrid, y el 12 concede poder a Alonso Rodríguez

para recabar probanza en Alcalá, el 18 hace lo mismo en Madrid,

compareciendo ante el corregidor Céspedes de Oviedo, y el 26,

dócilmente, reingresa por tercera vez en la cárcel de Valladolid.

Solidarias y solventes fueron las declaraciones en su favor de prestigiosos

miembros de la universidad y de la municipalidad alcalaína

y madrileña que resultaron inapelables y que hubieron de dar su

fruto en la corte judicial de la villa del Pisuerga, porque a principios

de febrero ya era definitivamente liberado.

_____________

(13) Rodríguez Marín, Nuevos Documentos… Doc. XXXIV, que recoge todos

los detalles del proceso de Valladolid, obtenidos por Narciso Alonso Cortés.


Hemos pasado por alto que cuando a Rodrigo se le concede

permiso de salida para reconquistar su hidalguía en su Alcalá, era

un día 5 de enero y Rodrigo pudo quizás saborear su mejor día de

Reyes al reconquistar también su hogar perdido y crecido, apurando

desde allí sus escasos veinte días que le dieron. Por fin, sacudido

el polvo de sus calzas, vuelve a los polvos de la libertad en la casa

de Alcalá.

Cuando decimos «la casa de Alcalá» nos referimos a la «casa

madre» y no a la casa natal ya vendida por tía María, su propietaria,

y la denominamos así porque era la casa de la hacendada familia de

Leonor, la madre de Miguel, hija única de doña Elvira, sin que la

historia haya identificado al padre, el abuelo materno de Cervantes.

Era, según Astrana, la casa representativa de los Cortinas de Arganda

en la sede del señorío o alfoz complutense. Y ¿dónde estaba

esa casa en Alcalá? Se carece de documentación, pero Anselmo

Reymundo Tornero, autor de Datos históricos de la ciudad de Alcalá de

Henares (1950), antes de que conociera los datos de las dos casas

cervantinas documentadas por Astrana Marín, ambas en la calle

Imagen, Reymundo presentaba tres casas de la familia Cervantes

basándose en la tradición(14).

Alcalá de Henares gozó en el siglo XIX y antes, de una nutrida

colección de periódicos y revistas donde el tema cervantino

era copioso. No sabemos cuáles serían las fuentes concretas de

Reymundo —aunque sabemos que hurgó en la biblioteca de los

PP. Filipenses—, pero sus casas cervantinas de la tradición fueron

estas tres: una, aledaña al Hospital de Antezana, donde vivía el

«zurujano» con su familia, que la tradición fijaba, no al costado

como Astrana, sino en la huerta trasera del Hospital que después

fue de los Capuchinos. Otra casa próxima cervantina que relaciona

__________________

(14) Aunque la obra de investigación cervantina de Astrana, Vida ejemplar

y heroica de MCS está fechada en 1948 y la de Reymundo Tornero en 1950,

este no conoce la de Astrana cuando escribe la suya, e incluso manifiesta allí

el esperanzado anuncio de su inminente publicación. Pero Astrana, que no

leyó a Reymundo, nunca fijó ni como probable el emplazamiento de la «casa

madre», aunque estaba seguro de su existencia en Alcalá.


es la de Mayor esquina a la de la Imagen, la que a través de Astrana

llamaremos de la «calzonera». En este caso ha habido plena coincidencia

en la identificación de la casa por Raimundo y Astrana, es

decir, por la vía de la tradición y la documental.

Nos falta una tercera casa que Astrana no encuentra, pero que

Reymundo nos ofrece en el primer lugar de la relación de sus tres

casas cervantinas de Alcalá: es la casa que había en la plaza de San

Justo, hoy Santos Niños, esquina a la de los Carros (hoy del cardenal

Cisneros. Ese emplazamiento de la casa carece de confirmación

documental, pero ahí es donde pudo estar, en efecto, la que

llamamos «casa madre», la casa de la «vecindad» documental de

Luisa cuando ingresa en el convento de la Concepción («vezina de

Alcalá», según el Libro de apuntamientos del convento), al igual que

Leonor madre y su hija Andrea en su visita al convento trinitario

de Madrid («vezinas de Alcalá, estantes en la corte»), para negociar

el rescate de Miguel en Argel, y al igual que el «vezino de Alcalá»

con que se nombra repetidamente a Miguel en la documentación

trinitaria de Argel (Libro de la Redempçió). De esa manera, el convento

de Luisa quedaba a dos pasos de su casa, en la plaza de la Victoria

y la del Herrezuelo, ejerciendo así el convento su captación

por proximidad. Hablamos del emplazamiento probable de aquella

casa en la esquina referida según la tradición.

Rodrigo esperó entre Alcalá y Arganda su renta de las tierras

paniegas de ambos lugares hasta finales del verano de aquel año de

1553. Como no juzgó oportuno reanudar su vida profesional en

ninguno de los citados lugares ni encontró oportunidad, el cirujano,

que se había visto alejado de su hermana María, miró entonces

a Córdoba, donde ya les estaban esperando la abuela Leonor junto

a Andrea en la casa familiar de la collación de San Nicolás de la

Ajerquía, cerca de la plaza del Potro.

«Sí, Leonor, sí, vamos todos, porque todavía conservo en carne

viva mi cárcel de vosotros», le dijo Rodrigo.

Contrató un carro en el que pudiera viajar la familia. Era el

viaje de la doblegación a Córdoba, a donde no quiso otrora seguir

a su padre envalentonado, y a donde ahora marcha el hijo con su

familia, vencido y castigado por la vida, quemadas sus naves. Allá

va el «zurujano» sordo para postrarse a ultranza ante su esquinado

padre, de quien necesita el calor, allá va Rodrigo, doblegado por

su larga familia, buscando también a su querido hermano Andrés,

de quien sabe que nunca le va a fallar. La aventura de aquel largo

viaje encandilaba los ánimos e imaginaciones de Miguel niño, que

acababa de cumplir los seis años en su Alcalá el día de san Miguel,

29 de septiembre de 1553, el doblete festivo del aniversario y de la

onomástica que llevará por vida.

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