jueves, 5 de marzo de 2026

CAPITULO «SAAVEDRA», EL APELLIDO DURMIENTE - CERVANTES VIVO

                  


«SAAVEDRA»,

EL APELLIDO DURMIENTE

Nos referimos, claro está, a Miguel de Cervantes Saavedra. El

saavedrismo es un movimiento cervantista crítico que desprecia

todo documento nominal del Cervantes al que le falte el «Saavedra

». Si así ocurre, dicen, ese es «otro». Pero los movimientos extremistas

tienen corto recorrido. El saavedrismo es también un carajal

en el que se han perdido tanto los cervantistas académicos como

los levantiscos. A veces se confunde el linaje con el parentesco, el

topónimo con la patria. Y, de esta manera, ha habido cervantistas

que inútilmente se han perdido en las profundidades genealógicas

como se pierden los espeleólogos. Para mí que se han soltado carretadas

de tontorronadas sobre el apellido «Saavedra» del escritor

«regocijo de las musas».

Por cierto, a lo que parece, el linaje de Cervantes y de Saavedra

nacen juntos como juntos van. Según los genealogistas, en el

municipio de Cervantes (Lugo), en la torre de Ferreira tuvieron su

jurisdicción los Cervantes, y allí mismo, en la feligresía de Vilarello

de la Iglesia, es tradición que estaba de antiguo la familia Saavedra.

Se ha cargado de misterio el «Saavedra» de Miguel. Pero lo que

yo veo es que Cervantes Saavedra es un apellido compuesto, que

carece del nexo de nuestros días, el guión (-) o la «y» de uso más antiguo.

Así de sencillo. Es el apellido compuesto que hereda de sus

padres, a quienes se lo simplifica la costumbre de los escribanos de

la época, por creerlo segundo apellido, siempre innecesario, sien

do conocidos por la primera forma de «Cervantes». Sin embargo,

el escritor, por serlo, se opone a la simplificación tan abundante

en la documentación de padre y abuelo. El autor literario manda

ahora y exige que conste su apellido completo de «Cervantes

Saavedra» y lo rescata de las sombras. Como los antecedentes de

«Saavedra» fueron laminados por una clase escribana que buscaba

la austeridad expresiva y el sincretismo de vocablos y de letras. Es

entonces cuando la aparición abrupta del «Saavedra», formulada

por Miguel con toda naturalidad, provoca en el cervantismo las

más inverosímiles teorías sobre los baúles y cavernas de donde el

escritor hubiera adquirido la «nueva» prenda. Sin quererlo, pienso,

el escritor que es sembrador de misterios, reactiva uno de los que

sería de su gusto.

A su padre, Rodrigo de Cervantes, como a los demás, le fue

cercenado su «Saavedra» por creerlo segundo apellido innecesario

todavía para los actos administrativos, salvo en un documento que

él no encabeza y donde es citado por su hija Magdalena (Pérez

Pastor, DC nº 37, v.1). Un documento que resulta suficiente para

nosotros, donde figura el apellido «Saavedra», que es la segunda

forma del primer apellido. Pero es que su firma habitual, después

de la rúbrica, es rematada por un segundo nivel donde escribe una

clara «S» mayúscula con línea terminal proyectada en clara alusión

a su «Saavedra», que no olvida.



Firma de Rodrigo de Cervantes, padre del autor del Quijote.


Igualmente, el hermano de Rodrigo, Andrés de Cervantes, el

que fuera alcalde de Cabra y tío de Miguel, remata también la fir

ma posponiendo detrás del Cervantes la «S» inicial de Saavedra,

del que tampoco reniega. Es en los documentos registrales donde

roman las nominaciones largas, en contra de sus portadores, que,

como se ve, llevan el «Saavedra» en el filo de su pluma.



Firma de Andrés de Cervantes, tío de Miguel


En el referido contrato que nos ofrece Pérez Pastor (Documentos

Cervantinos, 37), donde comparecen ante el escribano Martín de

Urraca la hija natural de Miguel, Isabel de Saavedra, la que, fallecidos

sus padres legales, pasa al servicio de Magdalena, hermana de

Miguel, esta afirma allí ser «hija del licenciado Cervantes de Saavedra

» y Astrana la moteja de «fantasiosa». El cervantismo académico,

pletórico de generosidad, en vez de agradecer tal información a

Magdalena, le perdona su doble «fantasía»: la de llamar «licenciado»

a su padre, y la de llamarle «Saavedra». Pero nosotros rechazamos

aquí tan ilustre cortesía del cervantismo al uso, rebatimos su finura

magdaleniense por carecer de argumento.

Pensamos que en esta ocasión aparece «Saavedra», porque se

omite «Rodrigo». Y con respecto a la primera de las «fantasías», la

de su titulación médica, la historia demuestra la excelente relación

profesional del padre de Cervantes: en la partida de bautismo de

Rodrigo hijo y hermano de Miguel figura como padrino de pila el

«dotor» Gil Verte y como testigos Francisco Díaz y Pedro Vallejo,

todos ellos reconocidos galenos de la época. Y en el infortunio de

Valladolid le demostró su incondicional amistad el conocido profesor

de la universidad de Alcalá Cristóbal de Vega, comentarista

de Hipócrates. Por lo que no podemos ser crueles con Rodrigo pa

dre, añadiendo sin motivo alguno a su discapacidad física la académica.

Que su profesión de cirujano le «fuera mal» por su sordera,

no es razón de indocumentado. Pero en lo referente al apellido de

su padre, concederle la necedad que a Magdalena se le atribuye es

ya demasiado. La necedad no puede caer siempre del lado de los

ausentes. Su padre era Cervantes Saavedra como así lo fue su hijo.

Es todo muy sencillo.

La propia Isabel de Saavedra, quien, al lado de Magdalena durante

muchos años, va a conocer los entresijos familiares, cuando

redacta su testamento, lo encabeza como Isabel de Cervantes Saavedra(159)

(Pérez Pastor, DC, doc. 54). Y lo hace así porque necesita

dejar claros sus antecedentes, alcanzados en su madurez. Ella que

lo necesita ha aprendido bien su primer apellido completo para tan

comprometida ocasión. Retiren, por favor, señores cervantistas, su

subjetivo parecer contra la dama: que si se infla, que si sus fatuas

pretensiones…

Ha quedado constancia, no obstante, de la existencia del apellido

compuesto «Cervantes Saavedra» que abunda en aquella época.

De entre los Cervantes Saavedra de Granada que van a Córdoba

está un tal Gonzalo Cervantes Saavedra, de quien no hay constancia

de que fuera pariente del manco de Lepanto, ni tampoco lo aclara

cuando le cita en el Canto de Calíope de La primera parte de La Galatea

entre los ingenios cordobeses.

La hija natural del licenciado Juan, el abuelo de nuestro Miguel,

monja que profesó en el convento cordobés de Jesús Crucificado,

de donde fue priora, cuidó bien de hacer completa referencia a

sus ascendientes figurando como Catalina de Cervantes Saavedra,

según refiere Astrana de pasada sin caer en la cuenta. Y González

Aureoles, citado también por el mismo, nos da noticias de otras

______________________________

(159) Testamento de Doña Isabel de Cervantes y Saavedra. Madrid, 4 Junio

1631. «En el nombre de Dios nuestro señor, amen. Sepan quantos esta carta

de testamento última e postrimera voluntad vieren, como yo, doña Isavel de

Cerbantes e Sayavedra, muger de Luis de Molina, escribano de su magestad,

hixa de Miguel de Cerbantes y Ana de Roxas… (Pérez Pastor, DC, 54, v.1,

pag.199)


monjas sevillanas, posibles parientas de Cervantes, en el convento

de Santa Paula, del cual fue abadesa en 1590 doña Juana de Cervantes

Saavedra, hija de Diego de Cervantes y de doña Catalina Virués

de Cervantes, padres asimismo de una doña Beatriz de Saavedra.

Esta Beatriz de Saavedra, así como la también monja y hermana

de Cervantes, Luisa de Saavedra —también citada de esta manera—,

como la propia hija reconocida del «escritor alegre», Isabel de

Saavedra, ponen de manifiesto con su mismo apellido un ejercicio

legítimo: la elección de una parte de su primer apellido, que en caso

de matrimonio podría suplantarse. En aquella época también se

elegía como primer apellido el de la madre, que para Miguel era el

de «Cortinas», que nunca usó. Y nunca usó el escritor de segundo

apellido en contra de lo que parece.

No, no renunció el «manco sano» al segundo apellido legítimo

de la madre, Cortinas, por otro elegido por él entre sus ancestros

como han dicho los «imaginarios». No se llamó nunca Miguel de

Cervantes Cortinas, como han querido los «interesados» para que

el alcalaíno no sea Saavedra. Y menos fue que el precioso apellido

gallego «Saavedra» provenga para solo Miguel de un escafurcio

argelino que significa «tullido», lo que proponen en masa los

«creativos», señalando que empezó a usarlo el escritor después de

la cautividad de Argel. Y ante nuestra oposición, alegarán que el

autor del Quijote, sin embargo, ofrece precedentes de nombres arábigos

como el de Cide Hamete Benengeli, el ficticio historiador arábigo

del Alcaná de Toledo, su otro yo en que se espeja. Pero hay que

diferenciar los comportamientos ficticios de los reales. Aquí queda

claro el sello arábigo. Nunca lo asimilaría con un vocablo español

y menos para darse nombre. Nunca.

El apellido «Saavedra» en manos de imaginarios, de interesados

y de creativos. Pero, es que ¿de verdad se puede creer que Cervantes

diera por apellido a su hija Isabel el de un mote argelino?

¿De verdad? ¿Somos coherentes? He aquí una firma completa del

alcalaíno:



1568.Primera firma conocida de Cervantes en los versos

a la muerte de la reina Isabel de Valois


Esta firma en que consta «Saavedra» rompe las pretensiones de

los que dicen que solo usó tal apellido después de Argel. La recoge

Astrana Marín, extraída de la tradición cervantina. Los «creativos»

dirán que es falsa. Pero eso hay que demostrarlo.


1584. Firma de Cervantes en la escritura de la dote a su esposa


No hay dos Cervantes como quieren los «interesados»: el que

es Saavedra y el que no lo es. Este que aquí firma es el que casa

con Catalina de Salazar, que por su vinculación a Esquivias es el

autor del Quijote, y que es hijo de la argandeña doña Leonor de

Cortinas y del alcalaíno Rodrigo de Cervantes, quien, para que

la pescadilla se coma la cola, nombrará testamentaria junto a su

mujer, a su consuegra esquiviana Catalina de Palacios. Todo lo

cual garantiza el vuelo familiar. El alcalaíno Miguel, que no se nos

despinta, firmará unas veces con la primera forma y otras con

la doble forma apelativa que aquí aparece. Pero con «Saavedra»

o sin él, nunca dejará de ser el mismo. Las analogías grafólogicas

y los gestos-tipo lo avalan. Diremos que se trata de Miguel

Cervantes-Saavedra Cortinas, citado, si se nos permite, en una

pretendida reconstrucción de las formas actuales, que resultan

malsonantes en el presente contexto.

Y esta es nuestra observada conclusión: que «Saavedra» es el

doble apellido durmiente de los Cervantes, el mismo que el lúcido

escritor rescata de las sombras para lucirlo en la aureola de su

nombre, lo cual ejecuta con naturalidad, sin darle importancia y sin

otros retorcimientos que buscar.