viernes, 8 de mayo de 2026

CARTA DE PAISANAJE A MIGUEL DE CERVANTES

 

CARTA DE PAISANAJE A MIGUEL DE CERVANTES


No te lo creerás, tú, golilla, poeta y soldado, no te lo creerás, pero en la plaza de tu pueblo, la que fue del Mercado y hoy es tuya, la municipalidad ha extendido tu firma en el suelo cien veces aumentada, qué digo cien, más y más. Y la pisas y no se borra te lo juro. Es una firma de bronce dicen, como el bronce florentino que allí mismo te representa, ahora rutilante y caprichoso sobre tu suelo. Los tuyos han agrandado tu tinta, tu tinta manuscrita más personal. Te han servido, Miguel, en prueba de gratitud, tus propios pulsos aquilatados y magnificados. Me creerás si te digo que en siglo y medio que llevas ahí plantado, nunca, nunca te había sido arrimada una contribución tan magnífica. Sucedió un 23 de abril de 2026, aniversario de tu sepelio y día en que te devolvieron tus pulsos. Y eso es amor, poeta, eso es amor.

 

     De tu amplia batería de firmas, eligieron una de 1598, la que estampaste desde la cárcel de Sevilla al pie de unas alegaciones en torno a unas partidas de trigo y cebada del año 1591. Y allí, “donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación”, no es de extrañar que se te nublara la tinta de tu rúbrica y se te olvidara el breve trazo de la “t”. Insignificancias que ahora aquí, en tu plaza quedan magnificadas. ¿Quién te lo iba a decir a ti, cuando, ocupado y preocupado, articulabas entonces tu firma como un autómata? Y es que en propia casa los recuerdos se agrandan y los olvidos se achican.


     Es esta tu casa y tu plaza por donde tu padre 

Rodrigo cruzó contigo el pontón del canal para 

recibir las aguas bautismales en Santa María la 

Mayor; y cruzaste por aquí junto a tu amigo y 

maestro en la poesía, Pedro Lainez, camino de la 

Dehesa del Concejo, junto a tu Henares, según 

cuentas en La Galatea que imprimiste en la calle 

Libreros; y cruzaste por aquí más tarde, llevando 

bajo el brazo las galeradas de la imprenta de la 

Cuesta de Atocha junto al original de tu inmortal 

obra, camino del Colegio de Teólogos de la Madre 

de Dios, donde te esperaba Francisco Murcia de la 

Llana, corrector de S.M; y cruzaste por aquí 

buscando el ingreso y posterior toma de hábito en 

la Orden seglar Tercera Franciscana, camino del 

Convento de San Diego…  Tu firma, Miguel, ha 

quedado enhebrada sobre el suelo cierto de tu casa, 

de tu plaza y tu camino. Con Dios, soldado.

 


     Hasta aquí la carta. Necesitaría ahora aclarar ese lunar de su cárcel de donde sale su firma. Alguien pensará que “cuando el río suena…”. Es la duda maledicente de la ignorancia. En mi reciente libro (1) de la biografía de Cervantes, eché las cuentas que a la cárcel le llevaron. Ahí están clarificadas. Tuvo Cervantes la mala suerte de toparse en su camino con dos malas personas: su fiador Suárez Gasco y el juez Vallejo, a quien el Rey ordenó su libertad. Pero el esquinado juez Vallejo se mostró rígido al acatamiento por necesidades de ungüento. Se hizo el sordo y alargó la injusticia carcelaria de Cervantes, quien, como en Argel, ahora en su patria volvía a ser preso revalorizado en espera de libertad. La que ya había alcanzado el 28 de abril de 1598, pues presenta en esa fecha algunas de sus cuentas pendientes, reiterativas e intricadas por los sordos contadores. Eran tres los frentes de sus cuentas todavía pendientes, tres parásitos chupasangres de los que no podía desprenderse: las repetitivas cuentas de Écija, las de Teba y las de Vélez-Málaga, cuentas estas últimas que se le exigieron sin que pudieran existir.          

      La cárcel le reportó a Miguel, además de la paciencia en las adversidades, un cuadro pestilente de personajes humanos de todas las escalas sociales. Su firma, desplegada en el corazón de Alcalá, destila abnegación, sabiduría y honra, virtudes que le guarda y reconoce Alcalá a su insigne hijo Miguel de Cervantes, el mejor de sus embajadores pensantes y pensables:

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(1)   El alcalaíno que quería ser poeta CERVANTES VIVO, Editorial Adarve, 2015.

 

 JOSÉ CÉSAR ÁLVAREZ

(Semanario Puerta de Madrid, 2.mayo.2026)



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